Lo que debes saber
- China, a través de su ministro de Asuntos Exteriores Wang Yi, ha calificado los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán como una "guerra injusta", enfatizando la necesidad de defender el derecho internacional.
- Pekín advierte que la escalada de violencia amenaza con desestabilizar Oriente Medio y la seguridad energética y económica global, instando a la comunidad internacional a retomar el diálogo y la mediación.
- Irán ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz y tomar represalias si Estados Unidos ataca sus centrales eléctricas, mientras que Israel ha realizado ataques en Teherán y el sur del Líbano.
- El conflicto ha incluido ataques a infraestructuras energéticas clave, como el yacimiento de gas South Pars por parte de Israel y el complejo gasífero Ras Laffan por parte de Irán, generando preocupaciones sobre un choque petrolero histórico.
- Las autoridades iraníes han denunciado daños en más de 100 lugares de interés cultural e histórico debido a los bombardeos, lo que constituye una violación del derecho internacional según la Convención de La Haya.
Pekín ha elevado su voz en el conflicto de Oriente Medio, con el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, calificando los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán como una “guerra injusta”. Esta declaración, realizada durante una conversación telefónica con Emmanuel Bonne, asesor diplomático del Gobierno francés, subraya la postura de China en defensa del derecho internacional y la estabilidad regional.
La preocupación de China radica en la escalada de violencia, que amenaza con desestabilizar no solo Oriente Medio, sino también la seguridad energética y económica global. Wang Yi instó a la comunidad internacional a retomar el diálogo y la mediación, condenando los ataques contra objetivos civiles e infraestructura estratégica iraní como injustificables. Esta postura surge en un contexto de intensificación del conflicto, donde Irán ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz y tomar represalias si Estados Unidos ataca sus centrales eléctricas, mientras que Israel ha realizado ataques en Teherán y el sur del Líbano.
El conflicto ha alcanzado una fase peligrosa, con ataques directos a infraestructuras energéticas. Israel bombardeó el yacimiento de gas South Pars, el más grande del mundo, a lo que Irán respondió atacando el complejo gasífero Ras Laffan en Catar. Estos ataques han generado el “fantasma de la estanflación”, con la vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas amenazando con un choque petrolero de proporciones históricas. El presidente Trump, aunque negó conocimiento previo del ataque israelí, advirtió a Irán que cesaría la ofensiva contra instalaciones iraníes de gas y crudo, pero también amenazó con destruir las plantas eléctricas de Irán si no abría el estrecho de Ormuz.
La República Islámica de Irán es percibida por Estados Unidos e Israel como un factor de inestabilidad en Oriente Medio, un patrocinador del terrorismo global y un país que enriquece uranio con intenciones nucleares. Estas justificaciones han sido esgrimidas por Donald Trump para los ataques, buscando un cambio político en el país. Sin embargo, la resistencia teocrática y el nacionalismo iraní, junto con su capacidad para soportar bombardeos y afectar la economía mundial, sugieren que el conflicto podría prolongarse. Irán ha demostrado su capacidad misilística al disparar dos misiles de largo alcance hacia la Base Militar de Estados Unidos e Inglaterra en la Isla Diego García, lo que valida las preocupaciones sobre su programa de misiles y la posibilidad de que desarrollen armas nucleares.
Además de la escalada militar y energética, el conflicto ha tenido un impacto devastador en el patrimonio cultural. Las autoridades iraníes han denunciado que más de 100 lugares de interés cultural e histórico han sufrido daños debido a los bombardeos. Estos ataques contra el patrimonio son considerados violaciones del derecho internacional, según la Convención de La Haya, de la que forman parte Estados Unidos, Israel e Irán. La UNESCO ha hecho un llamado a proteger estos sitios, cuyo valor para la humanidad es inestimable. La postura de China, al condenar la “guerra injusta” y abogar por el diálogo, busca mitigar las consecuencias de un conflicto que ya está dejando una profunda huella en la región y en el orden internacional.












